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21-10-2026
Pese a la creencia generalizada de que la mayoría de los usuarios corta la etiqueta tras comprar una prenda, un estudio elaborado por Humana revela que el 61,6% de la ropa usada que llega a sus plantas de clasificación la conserva íntegra y perfectamente legible, mientras que el 38,4% o bien tiene la etiqueta mutilada o desgastada e impide conocer la composición del artículo.
Humana ha analizado mil artículos de la categoría “ropa original”, esto es: procedentes de contenedores de 9 municipios de la provincia de Barcelona y Tarragona, sin que hayan pasado por ningún proceso previo de selección.
Del millar de prendas analizadas, el 61,6% presenta su etiqueta íntegra y se lee perfectamente; en el 28,8% de los casos está cortada y en el 9,6%, está desgastada y no se aprecia su contenido.
“Para el sector de la gestión del residuo textil no basta con definir qué información debe facilitarse en el momento de comercializar una prenda. También importa si esa información permanece accesible cuando la prenda se utiliza, se desecha y se deposita en un contenedor, se clasifica o se comercializa por segunda vez”, asegura Rafael Mas, director de Proyectos y Relaciones Institucionales de Humana.
Una de las conclusiones del análisis es que el corte de etiquetas es tres veces más frecuente que su desgaste, lo que apunta a que la pérdida de integridad no responde únicamente al envejecimiento de la prenda, sino que existe también una intervención deliberada sobre las etiquetas. El principal motivo para cortarla es la incomodidad física o la falta de conocimiento sobre los símbolos de lavado, según un estudio de Ginetex, la Asociación Internacional de Etiquetado de Conservación Textil.
Además, la proporción de etiquetas desgastadas en la ropa infantil es prácticamente el doble que en la de adultos, lo que podría deberse a que las prendas infantiles se lavan con más frecuencia, pasan de un niño a otro y soportan usos especialmente intensivos.
Alargar la vida de la ropa
“La información debe sobrevivir a la primera vida de la prenda”, afirma Rafael Mas, que añade: “Las etiquetas textiles son útiles, pero su eficacia como sistema permanente de información tiene limitaciones, lo que es especialmente importante en una economía que a futuro pretende prolongar la vida de las prendas”.
“El sector reivindica que la vida útil de una prenda no acabe cuando alguien se deshace de ella y la deposita en el contenedor de ropa. Sin embargo, este informe constata que el 38% de los artículos cuya vida puede prolongarse no tiene etiqueta o es ilegible. Esta falta de información va en detrimento del consumidor y de lo que nuestro sector defiende”, indica el representante de Humana, “el diseño de las etiquetas, su resistencia, comodidad y posible complementariedad con otros sistemas de información merecen una revisión”.
Al cortar la etiqueta de composición, o estar desgastada, la prenda pierde su “pasaporte”. En este contexto cobra más relevancia cómo se aplicará en un futuro cercano el pasaporte digital de producto (DPP en sus siglas en inglés), un registro digital obligatorio que recopila y centraliza toda la información sobre el ciclo de vida de una prenda. Se prevé que el DPP para la ropa y el sector textil en la Unión Europea (UE) sea obligatorio entre finales de 2028 y 2029.
Se prevé que la UE publique un acto delegado sobre textiles en 2027, relacionado con su Reglamento sobre el diseño ecológico de productos sostenibles. Dicho acto detallará los requisitos del DPP, por ejemplo: qué información debe incluirse y quién es responsable de ella.
Desde la Comisión Europea proponen un código QR, una etiqueta NFC o un identificador RFID impreso en la etiqueta o en la propia prenda. Una lectura digital permitiría acceder a la información a consumidores, autoridades y empresas, con datos verificados en tiempo real sobre la prenda.
