Guinea-Bissau: con la mirada puesta en el mercado laboral

23-12-2016

En unos días, los 98 alumnos que en la actualidad estudian en la Escuela Vocacional de Bissora, Guinea-Bissau, concluirán su formación. Este casi centenar de estudiantes, 11 de ellos mujeres, se distribuye en varias especialidades: construcción, agricultura y ganadería, comercio, energía solar, electricidad y bombas de agua. También se imparte un módulo de informática, de tres meses.

En febrero, una nueva promoción comenzará sus clases, de 11 meses de duración, tal y como explica Rui Luis Baloi, director de la Escuela. “A finales de enero acudirán a la escuela, para una primera toma de contacto e instalarse, antes de que las clases den inicio, el 1 de febrero”. Desde su creación, en 1997, 1.299 alumnos se han graduado aquí. “Desafortundamente, sólo se han graduado 200 mujeres; somos conscientes de que el porcentaje es pequeño, pero trabajamos para elevarlo cada año”.

Desde su creación, la escuela ha desarrollado su labor gracias al empeño del equipo de ADPP y a los fondos logrados por la organización, en buena medida gracias a la gestión de ropa usada, lo que garantiza su sostenibilidad. Se trata del centro más antiguo de ADPP, que no interrumpió su actividad ni durante la guerra civil que asoló al país entre 1998 y 1999.

La propia Humana Fundación Pueblo para Pueblo colabora con fondos propios procedentes del textil usado. En 2015, esta cantidad ascendió a 27.047 euros.

Además, el centro ha recibido puntualmente fondos externos de la Comisión Europea y de la AECID. Además, el Banco Islámico de Desarrollo apoya a la escuela para la formación de 40 jóvenes, 30 de ellos mujeres, que una vez concluidos sus estudios se harán responsables de varios clubes de agricultores, para asegurar su sostenibilidad.

La vida en la escuela

La escuela está en las inmediaciones de la plaza central de Bissora, auténtico núcleo de la vida de esta población, capital de la región de Oio, situada a unos 90 minutos en coche desde la capital, Bissau. La escuela está formada por varias dependencias, entre las que figuran aulas para las clases teóricas, salas de prácticas, dormitorios para los alumnos, cocinas, oficinas y otras instalaciones, como pistas deportivas y un rudimentario gimnasio. Parte del suministro eléctrico está garantizado gracias al sistema de energía solar instalado.

El centro dispone de un huerto, a modo de campo modelo, en el que los alumnos de agricultura llevan a cabo sus prácticas, y que abastece de frutas y verduras a la comunidad escolar.  Los sábados por la mañana los alumnos se organizan en brigadas de limpieza y mantenimiento para poner a punto las instalaciones tras una semana intensa de actividad. De hecho, el plan de formación promueve la implicación de los estudiantes en la gestión y mantenimiento del centro.

La escuela, además, actúa como oficina central de ADPP en la zona, por lo que son habituales las reuniones de los responsables de proyectos como el de energía renovable para el desarrollo local.

Arena antes que cemento

La formación incluye un período de prácticas, en el que participan varias empresas de la zona. Además, se llevan a cabo prácticas en la propia escuela. Por ejemplo, los estudiantes colaboran en la construcción de nuevas instalaciones y en el mantenimiento de los edificios ya levantados. Baloi comenta que los alumnos y alumnas comienzan a trabajar en las prácticas de construcción con arena (más barata) con la que fabrican bloques para muros, paredes y tabiques. Una vez dominan la técnica, comienzan a fabricar esos bloques con cemento.

Con los sistemas eléctricos sucede algo parecido: los estudiantes trabajan con circuitos, cableados, placas solares y baterías en las salas de prácticas de la escuela, antes de colaborar en el mantenimiento de los sistemas de luz de Bissora (tanto de viviendas particulares y pequeños negocios como de alumbrado público). Por ejemplo, se ocupan del mantenimiento del sistema eléctrico del Hospital de Bissora.

Baloi señala que ‘el país y el estado no absorben toda la fuerza laboral que la escuela genera; por ello, fomentamos la puesta en marcha de microproyectos que permiten promover el autoempleo”. De hecho, alrededor del 50% de los graduados se convierte en emprendedores y comienzan a trabajar por cuenta propia.

‘Apoyamos a la comunidad, instalando y reparando bombas de agua, tanto para los sistemas de irrigación de los campos como para los puestos de agua potable. Con ello, ayudamos a reducir el tiempo y el esfuerzo necesarios para la obtención de agua y a elevar la productividad agrícola”, explica el director, que añade que ‘colaboramos en la formación del staff que lidera varios de los farmers club de la región. Apoyamos, además, a los agricultores para que sean más productivos’.

 

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