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Claves del Farmers Club de Cabinda-Angola y su sostenibilidad

25-01-2017

Uno de los aspectos fundamentales de los proyectos llevados a cabo tanto por la Fundación como por el resto de organizaciones que forman parte de Humana People to People es su sostenibilidad. Un ejemplo es el Farmers Club de Cabinda, implementado por nuestro socio local ADPP-Angola y la propia Fundación, con la cofinanciación de la Unión Europea. Este proyecto, denominado ‘Incremento de la seguridad alimentaria y de las actividades de producción de 1.000 familias en zonas rurales de Cabinda, Angola’ sobre el papel concluyó el 30 de junio pasado, aunque en realidad prosigue gracias a las sólidas bases creadas durante los más de tres años de intenso trabajo.

La transmisión de conocimiento, la formación de los agricultores, la experiencia acumulada y el trabajo en los campos modelo, entre otros aspectos, permiten asegurar que el impacto positivo del proyecto se prolongará en años venideros.

Más de tres años de intenso trabajo

El proyecto arrancó el 1 de febrero de 2013, involucrando a 31 aldeas de Cacongo y Buco Zau. La mayor parte de la población de ambos municipios vive en áreas rurales y se dedica al cultivo del campo. En total han participado 1.170 personas de estos municipios, incluyendo 903 mujeres. Se estima, además, que el número de agricultores y familiares beneficiados indirectamente asciende a 6.000.

Durante los primeros seis meses, el equipo del proyecto se reunió con diferentes entidades gubernamentales (Instituto de Desenvolvimento Agrario-IDA o Estação de Desenvolvimento Agrário-EDA, por ejemplo) y con la población involucrada, para movilizar y organizar a los agricultores. En total se constituyeron 20 clubes, cada uno de los cuales cuenta con un Comité formado por cinco miembros. A lo largo de este primer semestre se llevó a cabo un estudio de base y se identificaron los campos modelo.

A continuación se constituyeron dichos campos (un total de 32, con una superficie conjunta de 19,5 hectáreas), comenzando la distribución de los primeros materiales y las primeras sesiones de formación. Por un lado, las sesiones para los Comités, en las que se abordaron cuestiones como agricultura de conservación, asociacionismo, cría de ganado o gestión de la producción. Y, por otro, para el conjunto de los agricultores, sobre aspectos como nuevas técnicas agrícolas, aumento de la producción, mejora de la dieta e incremento de ingresos disponibles. Este programa de formación continua se ha prolongado a lo largo de todo el proyecto.

Sistema de préstamos rotatorios de pequeño ganado

Ya en el segundo año, las bombas de irrigación fueron instaladas en los pozos construidos previamente. Además, se iniciaron la distribución de semillas y el sistema de préstamos rotatorios de pequeño ganado. Dentro de este sistema de préstamos, se adquirieron 539 animales (gallinas y patos en su inmensa mayoría), que se distribuyeron entre 268 agricultores. Tras su reproducción, se llevaron a cabo un total de 17 transferencias de animales a otros agricultores. Este sistema proseguirá en el futuro, bajo la supervisión de los miembros de los Comités y del personal de IDA y EDA. Así, el efecto multiplicador está asegurado.

En el tercer año se construyeron pequeños almacenes para guardar los insumos y los productos agrícolas y se constituyeron los Comités para la compra-venta de materiales y productos para el conjunto de los clubes. Además, se implantó un modelo de mapeamiento comunitario basado en un SIG (Sistema de Información Geográfica).

Por otro lado, durante el proyecto se ha impulsado la fabricación de cocinas mejoradas, con una producción mejor aún de la esperada, debido a la gran aceptación por parte de la población.

Mejora de la productividad

El estudio de base efectuado al principio del proyecto permitió conocer la realidad de las 31 aldeas de Cacongo y Buco Zau involucradas y, a partir de ahí, identificar las mejoras alcanzadas durante los tres años. Así, la producción agrícola ha pasado de 2.661 toneladas a 6.820. El 65,2% de esta producción corresponde a productos de gran aceptación en los mercados locales, lo que redunda en la generación de ingresos. El rendimiento agrícola de los cereales, tubérculos y legumbres ha pasado de 6,1 tn por hectárea a 385,3 tn/ha. En general, la producción de patata dulce y de legumbres se ha multiplicado por dos y cuatro veces, respectivamente.

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